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El paisaje del líder

2 abril, 2010 Los comentarios están cerrados

En sus estudios sobre teorías de liderazgo, Ralph M. Stogdill señala que “existen casi tantas definiciones del liderazgo como personas que han tratado de definir el concepto”. Stogdill también se refiere al liderazgo gerencial como “el proceso de dirigir las actividades laborales de los miembros de un grupo y de influir en ellas”.

Si nos atenemos a esta última consideración, resulta evidente que pueden existir muchos estilos a los cuales puede recurrir un “líder” para desarrollar su labor de dirigir, motivar y/o influir en un equipo para obtener los resultados esperados o alcanzar ciertos objetivos. No obstante, el común denominador de todas las fórmulas de liderazgo está estrechamente relacionado con las habilidades personales y de relación interpersonal, más concretamente con el sentido común, entendido como resultado del compendio entre experiencia y conocimiento. No son pocos los líderes de cualquier “estilo” que deben aprender a aplicar ese sentido común en beneficio de sus objetivos y del perfeccionamiento constante de su labor de gestión.

En el artículo “Los 8 pasos para liderar la crisis” (un título que considero cuestionable, por motivos que expondré más adelante), se enuncian 8 claves para ser un buen líder en tiempos de crisis. Dichas claves no son nuevas en absoluto, ya que cualquier gestor podría ser a la vez un líder autoritario y también ser capaz de “delegar responsabilidades” (clave 7). El factor crítico para la aplicación óptima de estas claves reside en conseguir armonizarlas y adaptarlas en función de las diferentes situaciones a la que se enfrente un profesional en su rol de líder. Ciertos conceptos esenciales de estos “8 pasos”, como por ejemplo “delegación”, “ser receptivo con las ideas” o “desarrollar empatía”, son ingredientes propios de un estilo de liderazgo no autoritario.

White y Lippit (1939-1943), pioneros en la clasificación de los estilos de liderazgo, establecen tres modelos a los que pueden adscribirse dichos estilos. Estos modelos son: autoritario, democrático y permisivo. En el modelo democrático se establecen criterios que favorecen la libertad de acción y el consenso en el equipo que se lidera, pero con la participación del líder como gestor y/o coordinador del equipo. No obstante, en muchos casos se habla de recompensar o incentivar, tal como menciona Rensis Lickert en su sistema 4 (participador y democrático).

Podríamos concluir que la fórmula para afrontar un liderazgo efectivo no existe en tanto que “receta para el éxito” o conjunto de claves que, sumadas, conducen a la gestión eficaz. Un liderazgo óptimo es el resultado de la aplicación equilibrada de ciertas claves consensuadas, adaptándolas convenientemente a las diferentes situaciones, objetivos y personas que se encuentren bajo la responsabilidad o tutela del líder. Por ello comentaba anteriormente que, en mi opinión, un título más conveniente del artículo sería el que prescindiese de la palabra “crisis”, que no es más que otro posible escenario al que adaptar las habilidades de gestión. Cada buen líder debe exhibir la habilidad de elegir y utilizar el equipaje idóneo para transitar su escenario y resolver, sea cual sea, su objetivo.

Recursos:

Fundamentos de la Economía de empresa: Master Gestión y Dirección de las TIC (UOC)