Conectados al amor

6 enero, 2014 Deja un comentario

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Del baile en la plaza a la discoteca, y de ahí a internet. La red es la opción de muchas personas para conocer gente, coquetear, tener citas y enamorarse. Así es la seducción online.

Lee el reportaje Amor en la red (revista Introversion, noviembre 2013)

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Las chicas también juegan

6 enero, 2014 Deja un comentario

ImagenA las mujeres también les gusta divertirse con los videojuegos: diseñarlos, programarlos, protagonizarlos, compartirlos… Las chicas también juegan.

Lee el reportaje Gaming en femenino (revista Introversion, noviembre 2013)

Nomofobia: No sin mi móvil

11 marzo, 2013 Deja un comentario

¿Quién manda: tú o tu smartphone?Si no puedes vivir sin él, si te invade la ansiedad cuando te lo dejas en casa, si lo consultas cada pocos minutos… Si no eres persona sin tu móvil, tal vez padezcas nomofobia. Descubre en qué consiste y cómo luchar contra este tipo de dependencia.

Lee el reportaje Nomofobia: No sin mi móvil (revista Introversion, septiembre 2013)

Houston, tenemos un e-mail

6 enero, 2013 Deja un comentario

Me asombra comprobar, cFuture Shockada vez con más frecuencia, cómo en muchas organizaciones, durante las reuniones de seguimiento de un proyecto o simplemente en reuniones ordinarias de departamento, se apela a la poca productividad, la ineficiencia o la escasa “implicación [= horas]” para sacar adelante el trabajo. Si cualquier empleado informa de que está sobresaturado de trabajo, en la mayoría de las empresas esa información se interpreta como que, de un modo u otro, está gestionando mal sus plazos (=perdiendo el tiempo)  y seguramente se le aconsejaría revisar su implicación.

El exceso de información y de trabajo en las empresas es un problema real con causas reales, y está afectando de manera invisible a las organizaciones sin que éstas sepan reaccionar de manera eficiente, es decir, tomandomedidas para facilitar al trabajador la gestión del tiempo sin que tenga que temer por su puesto “porque no llega” a todo. Entre las causas reales que indicen en la óptima gestión del tiempo está la gestión del correo electrónico.La cultura del mail, que supuestamente sirve para agilizar las comunicaciones, se ha convertido, debido al mal uso que se hace de este canal,  en una de las causas principales del descenso de la productividad. Alrededor de un cuarto de la jornada laboral se utiliza para atender y gestionar el correo electrónico. A este dato, en algunas empresas hay que sumarle la gestión de las comunicaciones corporativas por chat (Communicator y similares),que acaban invadiendo el tiempo de trabajo, haciendo caso omiso del cartel ‘no molestar’. Estas interrupciones suponen un descenso del rendimiento si la información que se gestiona no está alineada con el trabajo en curso.

Según un estudio realizado por IDC en España en los años 2008-2009, dedicamos unas 13 horas semanales a leer y responder correo electrónico; pasamos unas 8,8 horas buscando y recopilando información, otras 8 horasanalizando información y 6,4 horas coordinando y colaborando dentro de la empresa. Es decir, casi un 40% de la jornada laboral lo dedicamos a gestionar el conocimiento.

Existen iniciativas que intentan solucionar estos problemas bajo un planteamiento enfocado en profesionalizar y optimizar la gestión del conocimiento. Los ECP (Enterprise Conversation Planners), como evolución optimizada de las plataformas actuales de Empresa 2.0, son plataformas para la medición, monitorización y optimización de las conversaciones que fluyen en la organización o entre organizaciones y  que plantean soluciones de analítica social avanzada o proporcionan gestores de tareas que pueden ayudar en gran parte a limitar, clasificar y o filtrar la información de una manera más eficiente.

En cualquier caso, la solución técnica debe ir acompañada de un cambio de mentalidad y de una cierta “reeducación” en el manejo de recursos. En la aplicación de cualquier herramienta tecnológica es fundamental aplicar el sentido común, para que dicha herramienta no se convierta en un obstáculo en lugar del aliado que venía a ser. Conviene inculcar esa mentalidad a todos los miembros del equipo (sea cual sea su posición en el organigrama). Solo de ese modo se perfilará una nueva gestión del conocimiento, basada en el uso racional y eficiente de las herramientas y procesos de comunicación oral y escrita.

La vida conectada

9 septiembre, 2012 1 comentario

¡Google me pide el número de teléfono! ¿Se lo doy? Últimamente, algo se interpone en nuestra relación con internet: la paranoia. Y es que desde que nos pescó la red de redes, esto ya no es lo que era. Tantos cambios en tan poco tiempo nos tienen algo perdidos. La revolución tecnológica comporta oportunidades y desafíos, pero ante todo es un viaje sin vuelta atrás y no podemos quedarnos al margen. Es hora de comprender.

El reportaje “La vida conectada”, de María Dolores Rivas, ofrece algunas claves para convivir con la tecnología… sin perder la privacidad en el intento.

Lee el reportaje:
La vida conectada, revista INTROVERSION, junio 2012

¡Es la “I”, estúpido!

25 enero, 2011 1 comentario

Las reflexiones de Nicholas G. Carr en su polémico artículo “IT doesn’t matter” (Harvard Business Review, 5/2003) sobre el valor real de las inversiones en tecnología no han resultado totalmente desacertadas. En dicho artículo, Carr postulaba que las tecnologías, en tanto que “bien común” o “commodities” disponibles para todos, no representaban en sí mismas ventaja competitiva alguna, y por consiguiente proponía reducir las inversiones en este concepto y prestar más atención a las debilidades que a las oportunidades que comporta la innovación tecnológica.

No cabe duda de que se trataba de un planteamiento osado, que el autor tuvo a bien desarrollar años más tarde en el libro “Does IT matter?”, cuyo objetivo era proporcionar orientación sobre las inversiones tecnológicas. Entre el título del artículo y el del libro también se observa otro cambio curioso: el cambio de la afirmación a la interrogación, como si Carr quisiese suavizar su posición y (re)abrir el debate en torno al planteamiento inicial que tantas críticas le había granjeado.
Ciertamente, las tecnologías de la información aportan un gran potencial para mejorar la productividad de un sector industrial, si bien pueden erosionar las ventajas competitivas de las compañías a nivel individual, aumentando la competencia, facilitando la entrada de nuevos jugadores y sustitutos, provocando la pérdida de poder de negociación y propiciando la bajada de precios. La tecnología favorece el progreso social y económico, pero las ventajas competitivas que genera son difíciles de sostener a largo plazo para organizaciones concretas. La tecnología se convierte así en una commodity, una materia prima de consumo indiferenciado que deviene tan accesible como la electricidad o el teléfono, y cuyas aportaciones diferenciales se desvanecen en el tiempo a medida que se consolida su aplicación. Las tesis de Carr propiciaron (intencionadamente o no) una reflexión y una revisión más realista sobre el uso que se estaba haciendo de las tecnologías, dando lugar a numerosas contribuciones de expertos, en forma de estudios serios, muchas veces financiados por vendedores de tecnología.
Con anterioridad a las reflexiones de Carr, Davenport (2000) ya trató de señalar, en forma de metáfora, la importancia del agua y sus usos, más allá de los avances en fontanería. Davenport apuntaba a la importancia de la ‘I’, en las siglas IT, para hacer ver al mundo de la importancia que tiene la información: “Sólo hay un tema que en ese mundo tan extraño se pasa por alto: ¡El agua! ¿Está limpia y es fresca?, ¿Es agua lo que los consumidores quieren beber?, ¿Tienen sed?” (Davenport, 2000). En su apocalíptica advertencia, Carr considera que el factor crítico no son los avances tecnológicos en sí mismos, sino en el tiempo que tardan en ser imitados y mejorados. Un tiempo previsiblemente breve que anula toda función estratégica de las TI. El autor obvia, sin embargo, el valor real del conocimiento y la innovación bien dirigida, que han hecho posibles realidades tan innovadoras y rentables como Facebook (la creación de un foro está al alcance de todos, la reinvención del concepto en forma de red social es lo que marca la diferencia a nivel estratégico y competitivo). En este sentido, el enfoque idóneo de las TIC como elemento generador de valor y factor determinante de éxito (o de fracaso) deberá ser aquel que contribuya a mejorar la cadena de valor extendida, evolucionar de una manera continua y eficiente y, muy importante, como generador de conocimiento. La evolución de la gestión de la información hacia la generación de valor se conoce como gestión del conocimiento.
Como afirma Alfons Cornella (2000), “en la economía del conocimiento, la innovación es algo esencial para mantener la máquina del valor funcionando. La gestión del conocimiento parte de un principio fundamental: el conocimiento es el único recurso que incrementa su valor con el uso. No degenera, y cuanto más lo usa una persona, cuanto más lo metaboliza, más valor genera. Por ello, sin duda habrá dos temas fundamentales en la agenda de los próximos años, cómo utilizar las tecnologías para ‘aprender’ más y mejor, y cómo utilizar las tecnologías para mejorar en la ‘gestión del conocimiento’ que desarrollamos”.
Con la óptica adecuadamente (re)dirigida hacia el conocimiento, podemos concluir, como ya concluyó Bill Clinton en 1992 respecto a la economía como factor clave para captar votos (It’s the economy, stupid!), que en las TI resulta crucial obtener la competitividad de esa “I” que con frecuencia queda relegada en una visión desequilibrada de medios y fines, inversión y resultados, contenido y continente.

Un mal necesario

25 enero, 2011 Deja un comentario

Un mal necesario

Recién inaugurado el milenio, en marzo de 2000, el Índice Nasdaq llegó a cotizar por encima de los 5000 puntos. En octubre de 2002, la cotización se había desplomado hasta los 1300 puntos, situándose en valores similares a los del año 1996. Este periodo de recesión es de sobras conocido en el sector tecnológico como la “crisis de las puntocom” o  el estallido de la burbuja tecnológica. No es objeto de mi aportación profundizar en las causas que “hincharon” dicha burbuja, pero sí mencionar sus consecuencias.

Despertares

A partir de 2002, el abrupto despertar del sueño puntocom provocó que la inversión en tecnología fuese acompañada de una nueva estrategia de inversión fundamentada en una planificación más exhaustiva y realista, teniendo mucho más presentes factores como el retorno de la inversión en un plazo razonable, un control más férreo de gestión y procesos y una especial atención al alineamiento estratégico de los desarrollos tecnológicos con el ámbito de negocio de las organizaciones. Aplicando la filosofía popular, puede decirse que nadie escarmienta en cabeza ajena, pero los devastadores efectos del espejismo tecnológico fueron un mal necesario, la MALA suerte del principiante, pero también las semillas de una lección aprendida, corregida y reenfocada en aras de un nuevo rol de las TIC en las organizaciones: innovación sí, pero al servicio de la efectividad, que resulta de la combinación lo más  equilibrada posible entre eficacia y eficiencia.

En este sentido, el estudio publicado por EBCenter en 2005 “Las TIC como agente de cambio en la empresa española. Situación actual y tendencias de futuro” menciona que un 55% de las empresas afirmaba por aquel entonces haber reducido sus costes en comunicación interna y en Recursos Humanos (un 42%), frente a un incremento del 49% de la inversión en TIC y un 47% en servicios de consultoría y colaboración. El resultado, obviamente, no fue proporcional a las expectativas presumiblemente depositadas en dicho porcentaje de inversiones tecnológicas.

 

Otros datos significativos del artículo aluden al impacto de las TIC en el organigrama: el 33% de las empresas considera que las TIC no han eliminado los mandos intermedios y un 38% niega que su organización sea más plana. Respecto a la estrategia empresarial, destacan el creciente interés en el conocimiento de los productos de la competencia y en conocer asimismo la satisfacción del cliente, algo que hoy en día, cinco años más tarde, vemos obvio y natural para cualquier empresa que quiera resultar competitiva y (sí) efectiva en su mercado.

Para realizar una aportación coherente, es importante mencionar la matriz de beneficio/ beneficiario de Cyrus Gibson y Michael Hammer, basada en  la hipótesis de las etapas evolutivas de los SI en la organización planteada por Richard Nolan, y en la que se explica el modelo evolutivo de los SI a través de diferentes etapas.

Al yuxtaponer las reflexiones del artículo en la matriz mencionada, vemos que las empresas realizan (o realizaban) sus inversiones en materia de TIC de un modo más cauto (probablemente por lecciones aprendidas) priorizando eficiencia y eficacia en individuos y departamentos funcionales como puedan ser la mecanización de tareas, mejoras funcionales, automatización de procesos, etc., desplazando la transformación (efectividad) que pudieran proporcionar  las TIC hacia un medio plazo. De hecho, podemos comprobar cómo la innovación en productos o ámbitos de negocio se mantenía sin cambios significativos.

Actualmente, creo que ese giro hacia la prudencia y la racionalización, tanto en inversiones como en expectativas (objetivos, resultados) ya es un hecho consumado. Las empresas ya están adaptándose a la Web 2.0, implementando herramientas de colaboración y portales, posicionándose estratégicamente en las redes sociales,  generando nuevos perfiles profesionales (Community Manager) y, en definitiva, incidiendo en la efectividad de la organización a través de la innovación de productos y servicios.